¿Qué son las transferencias nerviosas?
El plexo braquial consiste en un conjunto de nervios que salen desde la columna cervical, que se juntarán posteriormente en troncos nerviosos, para volver a dividirse en varias ramas terminales. Estas estructuras controlan todos los movimientos y la sensibilidad del hombro, brazo, antebrazo y mano. En lesiones traumáticas (como accidentes de tráfico o caídas), estos nervios pueden estirarse, desgarrarse o desconectarse de la médula espinal, provocando parálisis parcial o completa del brazo de forma permanente, sin capacidad de recuperación espontánea. En estos casos, las transferencias nerviosas son una alternativa quirúrgica que consiste en redirigir nervios que son funcionales y que provocan la contracción de músculos de los que podemos prescindir para una determinada función, para suturarlos a nervios lesionados con el objetivo de restaurar movimientos clave, como el movimiento de la articulación del hombro o la flexión del codo.
¿Cómo se diagnostican estas lesiones?
El diagnóstico incluye una evaluación clínica completa, estudios electrofisiológicos para determinar qué nervios están dañados y estudios de imagen como resonancia magnética o tomografía de plexo braquial. Es fundamental realizar varios estudios electrofisiológicos para planificar la cirugía en el momento adecuado, idealmente dentro de los primeros 6 a 9 meses tras la lesión, una vez que se ha excluido la posibilidad de recuperación espontánea.
¿Cómo se realiza el tratamiento?
Las transferencias nerviosas se realizan utilizando nervios cercanos y sanos, que se desvían para reanimar nervios que han perdido su función, con músculos paralizados. Por ello, la elección del procedimiento dependerá de la función perdida y de qué nervios pueden ser considerados como donantes. Por ejemplo, en las lesiones del tronco superior del plexo braquial, en las que se pierde la movilidad del hombro, podemos utilizar un nervio del cuello (nervio accesorio espinal) para suturarlo al nervio que controla el manguito rotador e inicia el movimiento del hombro (nervio supraescapular). Esto se complementa con una transferencia que se hace en la parte posterior del brazo, donde “sacrificamos” una pequeña rama nerviosa que va al músculo tríceps y la suturamos al nervio que controla el músculo deltoides. Así, el tríceps sigue manteniendo su función y con el tiempo y rehabilitación intensiva, el deltoides irá recuperando progresivamente movilidad. Esta técnica ofrece mejores resultados funcionales si se realiza a tiempo e incluye una periodo de recuperación posterior con fisioterapia intensiva. El impacto del procedimiento sobre la movilidad suele demorarse varios meses.